Hace tiempo que comparto el espacio de mi taller con dos magníficas tinajas

Cada una en su estilo, son dos piezas singulares. De momento no he decidido venderlas, me daría mucha pena desprenderme de ellas. 

A pesar de mis esfuerzos no he podido confirmar en que alfar fueron hechas… y esa orfandad que les acompaña las hace aún más interesantes. 

Son dos “ámboas” de barro rojo, ennegrecidas por fuera -seguramente por la cocción en horno de leña- y conservan todavía ese olor a grasa rancia, que nos habla de su usos anteriores. Yo calculo que tienen más de cien años.
Son altas y estrechas (casi 80 cm de alto x 40 cm de diámetro). 
Una tiene dos asas y un sello sobre ellas en forma de cuadrícula. 

La otra tiene cuatro asas y el sello en forma de cruz.

Las dos están reforzadas con cordones o bincos

Las compré en un anticuario; provenían, según me dijeron,  de una casa de Viveiro (Lugo). Y al verlas pensé si estarían hechas en Gundivós; pero después de preguntar a alfareros de la zona, quedó descartado.
D. Luciano García Alén, el mayor experto en alfarería gallega, me sugería que podrían ser de Samos. Su forma le recordaba alguna pieza de ese lugar, aunque no las había visto nunca tan grandes ni tan antigüas. Al ser un alfar ya extinto, es imposible saber si en alguna época se hicieron allí vasijas de este tamaño y forma. 
He consultado a varios museos de alfarería popular, pero no han podido catalogarlas…
Sigo mirándolas con curiosidad.
A lo mejor alguno de vosotros, lectores, me podéis ayudar a ponerles nombre.